La supervivencia del régimen de Francisco Franco hasta 1975 es una de las grandes anomalías políticas del siglo XX europeo. Mientras que el Reich de los Mil Años de Hitler colapsó en doce y la Italia fascista de Mussolini en veinte, la dictadura española perduró casi cuatro décadas. Esta longevidad plantea una pregunta fundamental para la ciencia política y la historiografía: ¿Fue el franquismo un régimen fascista homologable a sus aliados del Eje, o una dictadura militar tradicional disfrazada con retórica totalitaria? El debate sobre el fascismo español franquismo no es meramente semántico; define la naturaleza de la represión, la estructura del Estado y las heridas de la memoria histórica que aún persisten en la España contemporánea.
Para abordar esta cuestión, es necesario diseccionar la capacidad camaleónica del régimen. Franco no fue un ideólogo rígido como Hitler, sino un militar pragmático que supo adaptar la «piel» de su gobierno según los vientos internacionales: fascista durante la Segunda Guerra Mundial, nacional-católico durante la Guerra Fría y tecnocrático-desarrollista en sus años finales. Este artículo examina cómo, bajo la férrea mano del Caudillo, convivieron «familias» políticas dispares unidas por un solo objetivo: la preservación del poder absoluto y la aniquilación de cualquier disidencia democrática o marxista.
Contexto histórico y orígenes: Guerra Civil y Unificación
El fascismo español franquismo no nació en un vacío, sino en el crisol de la Guerra Civil (1936-1939). El golpe de Estado de julio de 1936 no tenía una ideología uniforme más allá del anticomunismo y la defensa de la unidad de España. En el bando sublevado convivían monárquicos alfonsinos, carlistas (tradicionalistas requetés), falangistas (fascistas revolucionarios) y militares conservadores.
El momento fundacional del régimen político, más allá de la victoria militar, fue el Decreto de Unificación de 1937. Con esta maniobra magistral, Franco fusionó forzosamente a la Falange Española de las JONS (que había perdido a su líder, José Antonio Primo de Rivera) con los tradicionalistas carlistas, creando un partido único híbrido: Falange Española Tradicionalista y de las JONS. A diferencia de Mussolini o Hitler, que conquistaron el Estado desde el partido, Franco conquistó el partido desde el Estado (y el Ejército). Esto domesticó el impulso revolucionario del fascismo español, subordinándolo a la jerarquía militar y eclesiástica.
En este contexto, la victoria en 1939 no trajo la paz, sino la institucionalización de la victoria. La posguerra estuvo marcada por una autarquía económica desastrosa y una represión sistemática que buscaba la «limpieza» social del enemigo interior, una característica compartida con los totalitarismos europeos, pero ejecutada con una lógica de cuartel y sacristía.
Definición conceptual y marco teórico: ¿Fascismo o Autoritarismo?
La clasificación académica del régimen es compleja. El sociólogo Juan José Linz propuso una distinción célebre: el franquismo no fue un régimen totalitario (como el nazismo o el estalinismo), sino un régimen autoritario.
- Totalitarismo: Busca la movilización constante de las masas, tiene una ideología cerrada y penetra en la esfera privada.
- Autoritarismo franquista: Buscaba la desmovilización y la apatía política de la población. Franco no quería fanáticos en las calles (salvo en fechas señaladas), sino súbditos obedientes en casa. La legitimidad no venía del voto ni del partido, sino de la «Victoria» y de la Iglesia.
Sin embargo, historiadores como Paul Preston o Ferran Gallego matizan que, durante su primera etapa (1939-1945), el régimen sí tuvo una vocación totalitaria y fascista clara. El concepto clave para entender la especificidad del fascismo español franquismo es el Nacionalcatolicismo.
El Nacionalcatolicismo fue la amalgama ideológica que sustituyó la adoración a la raza (nazismo) o al Estado (fascismo italiano) por la identificación entre la nación española y la fe católica. Ser español equivalía a ser católico; cualquier otra identidad era considerada «anti-España». La Iglesia Católica proporcionó al régimen una legitimidad moral y un control social (educación, censura) que el partido único (el Movimiento) nunca logró por sí solo. Esta alianza de «la Espada y la Cruz» es la característica diferencial más potente respecto a los fascismos paganos europeos.
Desarrollo y evolución: Las tres vidas del régimen
La longevidad del franquismo se explica por su capacidad de mutación. Podemos distinguir tres fases claras donde la intensidad del componente fascista varió drásticamente.
1. La etapa azul o totalitaria (1939-1945)
Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen mimetizó la estética y las instituciones del Eje. Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y germanófilo, fue el arquitecto de esta fase. El saludo romano era obligatorio, la censura férrea y la economía autárquica. Se envió a la División Azul a luchar contra la URSS, integrándose en la Wehrmacht. Si el Eje hubiera ganado la guerra, es probable que España se hubiera consolidado como un estado fascista pleno.
2. El viraje nacional-católico y el aislamiento (1945-1959)
Con la derrota de Hitler, Franco se deshizo de la parafernalia fascista más visible (el saludo brazo en alto dejó de ser obligatorio en 1945) y marginó a los falangistas radicales. Para sobrevivir al ostracismo internacional, el régimen enfatizó su carácter católico y anticomunista. La Guerra Fría salvó a Franco: Estados Unidos, buscando bases militares, abrazó al dictador como el «Centinela de Occidente». El concordato con la Santa Sede en 1953 selló esta legitimidad internacional.
3. El Desarrollismo y la tecnocracia (1959-1975)
Ante la bancarrota económica de la autarquía, Franco entregó la gestión económica (pero no política) a los «tecnócratas» del Opus Dei. El Plan de Estabilización de 1959 liberalizó la economía, abriendo España al turismo y a la inversión extranjera. Se produjo un crecimiento económico espectacular («el milagro español») y una modernización social, pero el régimen político permaneció inmóvil. Se creó una extraña dicotomía: una sociedad cada vez más europea y consumista gobernada por un búnker político fosilizado en los ideales de 1936.
Principales exponentes y pilares del sistema
Más allá de la omnipresente figura de Franco, el fascismo español franquismo se sostuvo sobre un equilibrio de poderes entre diversas «familias» políticas que competían por el favor del Caudillo.
Francisco Franco: El árbitro supremo
Franco no era un intelectual ni un carismático orador de masas. Su liderazgo se basaba en la astucia, la paciencia («gallego» en el sentido estereotípico de indescifrable) y una crueldad fría. Su ideología era simple: orden, unidad de la patria y catolicismo. Utilizaba a las diferentes facciones (falangistas, monárquicos, carlistas, católicos) contrapesándolas entre sí para que ninguna amenazara su poder personal.
José Antonio Primo de Rivera: El «Ausente»
El fundador de la Falange fue ejecutado por los republicanos al inicio de la guerra. Franco convirtió su figura en un culto casi religioso. José Antonio era «el Ausente», un mártir útil cuyo pensamiento revolucionario y socializante fue vaciado de contenido real y utilizado solo como liturgia. Los «camisas viejas» (falangistas originales) a menudo se sentían traicionados por la deriva conservadora y clerical de Franco, a quien consideraban un reaccionario sin visión social.
La Iglesia y el Ejército
Estos fueron los dos verdaderos pilares de poder. El Ejército garantizaba la coerción física y tenía el poder de veto final (Franco siempre fue, ante todo, Generalísimo). La Iglesia garantizaba el control de las almas y la educación. El cardenal Gomá y posteriormente figuras como Escrivá de Balaguer (fundador del Opus Dei) fueron esenciales para la estructura ideológica y administrativa del Estado.
Críticas, controversias y legado: La «Dictablanda» y el olvido
El análisis del fascismo español franquismo enfrenta hoy debates encendidos sobre la naturaleza de su final y su memoria.
El mito de la «Dictablanda»
En los últimos años del régimen, y durante la Transición, se popularizó la idea de que el franquismo final era una «dictablanda» (dictadura suave). Esta visión es rechazada por la historiografía rigurosa. Hasta sus últimos meses, el régimen utilizó la pena de muerte con fines políticos (ejecuciones de Puig Antich en 1974 y los fusilamientos de septiembre de 1975). El Tribunal de Orden Público (TOP) siguió encarcelando a sindicalistas y estudiantes hasta el final. La represión cambió de escala (de masiva a selectiva), pero no de naturaleza.
El «Franquismo Sociológico»
Una de las victorias más inquietantes del régimen fue la creación del «franquismo sociológico»: una amplia capa de la población que, gracias al desarrollo económico de los años 60, aceptó pasivamente la dictadura a cambio de bienestar material y estabilidad («con Franco vivíamos mejor»). Esta despolitización y miedo al conflicto fue clave para explicar por qué la dictadura murió en la cama con el dictador y no derrocada por una revolución.
La represión de género y cultural
El régimen impuso un retroceso brutal en los derechos de las mujeres, devolviéndolas al estatus de menores de edad legales bajo la tutela de maridos y padres (el «permiso marital»). Asimismo, la represión de las lenguas y culturas periféricas (catalán, euskera, gallego) intentó homogeneizar una España plural bajo una visión centralista castellana, sembrando las semillas de los conflictos territoriales futuros.
El fascismo español franquismo fue una dictadura de geometría variable. Comenzó con un ímpetu totalitario y fascista homologable a sus pares europeos, pero supo mutar hacia un autoritarismo nacional-católico y burocrático para sobrevivir en un mundo hostil. Su duración no fue signo de legitimidad, sino de la eficacia de una represión implacable combinada con la adaptación pragmática a la Guerra Fría.
A diferencia del fascismo italiano o alemán, que terminaron con una derrota militar total y un proceso de «desnazificación» impuesto, el franquismo se extinguió biológicamente, permitiendo que muchas de sus estructuras económicas, judiciales y policiales pervivieran durante la Transición democrática. Entender esta naturaleza híbrida y resiliente es fundamental para comprender las tensiones de la España actual, donde el pasado dictatorial sigue siendo, en muchos aspectos, un presente no resuelto.
Referencias Bibliográficas
- Gallego, F. (2014). El evangelio fascista: La formación de la cultura política del franquismo (1930-1950). Barcelona: Crítica.
- Linz, J. J. (1975). Totalitarian and Authoritarian Regimes. Boulder: Lynne Rienner Publishers.
- Moradiellos, E. (2000). La España de Franco (1939-1975). Política y sociedad. Madrid: Síntesis.
- Payne, S. G. (1987). El régimen de Franco, 1936–1975. Madrid: Alianza Editorial.
- Preston, P. (1994). Franco: Caudillo de España. Barcelona: Grijalbo.
- Saz, I. (2003). España contra España: Los nacionalismos franquistas. Madrid: Marcial Pons.
- Tusell, J. (1999). La dictadura de Franco. Madrid: Altaya.
- Viñas, A. (2019). ¿Quién quiso la Guerra Civil? Historia de una conspiración. Barcelona: Crítica.

Entusiasta del conocimiento, 20 años siendo un devorador de libros de toda índole, desde filosofía hasta finanzas.