El estado de excepción según Agamben: Biopolítica y Derecho

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¿Es posible que la suspensión de la ley sea, en realidad, el fundamento oculto sobre el que se sostiene todo el edificio jurídico moderno? Esta paradoja, que parece disolver la seguridad de las democracias constitucionales, es el punto de partida de una de las indagaciones filosóficas más inquietantes de nuestro tiempo. Vivimos en una época donde las medidas de emergencia, justificadas por crisis económicas, amenazas terroristas o pandemias sanitarias, tienden a volverse permanentes. En este escenario, el análisis del estado de excepción agamben no es un mero ejercicio de exégesis legal, sino una herramienta indispensable para comprender la transformación del poder político contemporáneo.

El filósofo italiano Giorgio Agamben ha dedicado gran parte de su obra, especialmente en su serie Homo Sacer, a desentrañar cómo el poder soberano captura la vida biológica de los ciudadanos precisamente a través de su exclusión del amparo legal. Al explorar este concepto, nos enfrentamos a la tesis de que el campo de concentración —y no la ciudad estado— es el paradigma biopolítico de la modernidad. En este artículo, analizaremos rigurosamente la genealogía, la estructura y las implicaciones de esta teoría, desglosando cómo el vacío jurídico se ha convertido en una técnica de gobierno global.

Contexto histórico y orígenes: De Roma a la Guerra contra el Terror

Para comprender la profundidad del concepto de estado de excepción agamben, es necesario rastrear sus raíces mucho antes del siglo XXI. Aunque Agamben escribe su obra homónima Estado de excepción (2003) bajo la sombra inmediata de la «Patriot Act» estadounidense y la creación del campo de detención de Guantánamo tras los atentados del 11 de septiembre, su análisis es genealógico y se hunde en la historia del derecho occidental.

El antecedente arcaico fundamental se encuentra en la institución romana del iustitium. Cuando la República se veía amenazada por un tumulto o una guerra inminente, el Senado decretaba el iustitium, que literalmente significaba la «parada» o «suspensión» del derecho. No era una dictadura en el sentido moderno, sino un vacío jurídico donde las leyes dejaban de aplicarse, y los magistrados quedaban libres de las restricciones formales para defender el Estado. En este espacio anómico, cualquier ciudadano podía matar a quien amenazara la República sin cometer homicidio, prefigurando la nuda vida expuesta a la violencia soberana.

En la modernidad, este mecanismo evolucionó a través de la Revolución Francesa con la figura del état de siège (estado de sitio). Originalmente una medida militar para plazas asediadas, se convirtió en una institución política ficticia: se podía declarar el estado de sitio en una ciudad que no estaba bajo ataque enemigo, simplemente para suspender las garantías constitucionales y transferir poderes a la autoridad ejecutiva o militar.

El siglo XX radicalizó esta tendencia. El Artículo 48 de la Constitución de Weimar permitió al presidente del Reich tomar medidas de emergencia sin el consentimiento del Parlamento. Es célebre el hecho de que el régimen nazi funcionó técnicamente bajo un estado de excepción que duró doce años; el «Decreto del Incendio del Reichstag» suspendió los artículos de la constitución sobre libertades personales y nunca fue revocado. Agamben observa que, en las democracias contemporáneas, esta «guerra civil legal» se ha normalizado, convirtiendo la excepción en la regla de gobierno.

Definición conceptual y marco teórico

El análisis del estado de excepción agamben requiere una precisión terminológica quirúrgica, pues el autor desafía las definiciones tradicionales del derecho constitucional. No estamos ante una simple dictadura comisaria, sino ante una estructura ontológica del poder.

El estado de excepción, según Giorgio Agamben, se define como una «tierra de nadie» entre el derecho público y el hecho político, una zona de anomia donde la ley está vigente pero no se aplica (fuerza de ley sin ley), permitiendo al soberano disponer de la vida de los sujetos sin cometer delito ni celebrar sacrificio.

Para desglosar esta definición compleja, es útil considerar los siguientes puntos clave:

  1. Suspensión del orden jurídico: No es la abolición de la ley, sino su puesta en suspenso. La norma se retira, pero la fuerza de su aplicación permanece en manos del soberano.
  2. Fuerza de Ley (Vis Legis): En la excepción, los actos del ejecutivo (decretos, órdenes) adquieren fuerza de ley aunque no sean leyes formalmente. Se produce una separación entre la norma (el texto legal) y su aplicación.
  3. Zona de Indiferencia: Es un espacio topológico donde no es posible distinguir entre cumplimiento y transgresión, ni entre vida política (bios) y vida biológica (zoé).

La relación de bando (Bando)

Un concepto central en el marco teórico de Agamben es la «relación de bando». El soberano es quien tiene el poder de «banir» o abandonar al sujeto. Aquel que está en estado de excepción no está simplemente fuera de la ley (como un extranjero), sino que está «abandonado» por ella: la ley se aplica a él des-aplicándose. Es una inclusión exclusiva. Esta estructura explica por qué el detenido en Guantánamo o el refugiado apátrida no son sujetos libres fuera del Estado, sino seres atrapados en una relación de poder absoluto donde no tienen derechos, pero están totalmente sometidos a la autoridad.

Distinciones fundamentales

Es crucial distinguir la visión de Agamben de la teoría de la necesidad (necessitas legem non habet). La doctrina jurídica tradicional argumenta que «la necesidad no tiene ley» y que, por tanto, el estado de excepción es un estado extralegal justificado por la urgencia fáctica. Agamben refuta esto: la necesidad no es un hecho objetivo, sino una interpretación subjetiva del soberano. La excepción no es un estado de la naturaleza que irrumpe en el derecho, sino una decisión soberana que crea ese vacío para operar.

Desarrollo y evolución: De la medida provisional al paradigma de gobierno

La evolución del estado de excepción agamben traza una trayectoria alarmante: lo que nació como un dispositivo temporal para salvaguardar la constitución se ha transformado en la técnica habitual de gestión de las democracias occidentales. Agamben advierte sobre un cambio cualitativo en la naturaleza del gobierno moderno.

La transformación temporal y espacial

Históricamente, la excepción estaba delimitada por el tiempo (la duración del tumulto) y el espacio (la ciudad asediada). En la modernidad tardía, estas fronteras se diluyen. La «Guerra contra el Terror» inauguró una emergencia sin fin previsible y sin campo de batalla definido. Al declarar la guerra a un concepto abstracto (el terror) en lugar de a un Estado nación, la emergencia se vuelve perpetua.

Agamben señala que esta prolongación indefinida provoca que la maquinaria administrativa del Estado empiece a legislar mediante decretos de urgencia (executive orders en EE. UU., decretos-ley en sistemas parlamentarios). El parlamento pierde su función legislativa central y se convierte en un órgano de ratificación de las decisiones del ejecutivo, erosionando la división de poderes de Montesquieu.

El nexo con la biopolítica

El desarrollo más sofisticado de la teoría conecta la excepción con la biopolítica. Siguiendo la estela de Michel Foucault, Agamben argumenta que el poder moderno se ocupa de la gestión de la vida biológica de la población. Sin embargo, Agamben radicaliza a Foucault: el mecanismo fundamental para capturar la vida no es solo la disciplina o la regulación, sino la excepción soberana.

Cuando se suspenden los derechos civiles, lo que queda del ciudadano es su nuda vida (zoé). El estado de excepción agamben es la máquina que produce nuda vida. Esto se ve claramente en la figura del Homo Sacer, una figura oscura del derecho romano arcaico: un hombre que podía ser asesinado por cualquiera sin que ello constituyera homicidio, pero que no podía ser sacrificado en rituales religiosos. Su vida es sagrada en el sentido de «maldita», expuesta a la violencia sin protección divina ni humana.

Casos de estudio: El campo y el aeropuerto

Para Agamben, el «campo» (campo de concentración, campo de refugiados) es el espacio materializado del estado de excepción. En el campo, la ley está suspendida permanentemente y todo es posible; la voluntad del guardia es la ley. Sin embargo, esta lógica se extiende a espacios cotidianos. Las zonas de tránsito internacional en los aeropuertos, donde los viajeros están retenidos en un limbo jurídico, o las zonas de seguridad urbana, operan bajo la misma lógica topológica de la excepción: espacios dentro del Estado donde las garantías constitucionales ordinarias están en suspenso.

Principales exponentes y debate intelectual

La teoría del estado de excepción agamben no es un monólogo, sino un diálogo tenso y crítico con los gigantes del pensamiento político del siglo XX. Su obra es, en gran medida, un campo de batalla hermenéutico entre Carl Schmitt y Walter Benjamin.

Carl Schmitt: La soberanía como decisión

El jurista alemán Carl Schmitt es el interlocutor principal. En su Teología política (1922), Schmitt estableció la famosa máxima: «Soberano es quien decide sobre el estado de excepción». Para Schmitt, el orden jurídico no puede sostenerse a sí mismo; necesita una autoridad trascendente que decida cuándo el orden está amenazado y suspenda la norma para salvarla. Schmitt ve la excepción como necesaria para restaurar el orden. Agamben retoma esta estructura pero invierte la valoración: lo que para Schmitt es la garantía del orden, para Agamben es la pesadilla biopolítica que debe ser desactivada.

Walter Benjamin: La violencia divina

En contraposición a Schmitt, Agamben rescata a Walter Benjamin, especialmente su octava tesis de Sobre el concepto de historia: «La tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en que vivimos es la regla».

Como señala Benjamin en Para una crítica de la violencia (1921): «Existe una violencia que no funda ni conserva el derecho, sino que lo depone».

Agamben intenta resolver el debate entre Schmitt y Benjamin proponiendo un «estado de excepción real» (revolucionario) frente al «estado de excepción ficticio» (el de la dictadura o la democracia securitaria). Busca una forma de vida y de política que pueda cortar el nexo entre violencia y derecho, desactivando la maquinaria soberana en lugar de apoderarse de ella.

Michel Foucault: El umbral biopolítico

Aunque Foucault nunca centró su trabajo en la soberanía jurídica (prefiriendo el análisis de las microfísicas del poder disciplinario), Agamben integra la biopolítica foucaultiana en el marco jurídico. Foucault describió el paso del poder soberano («hacer morir y dejar vivir») al biopoder («hacer vivir y dejar morir»). Agamben corrige: el poder soberano siempre fue biopolítico, porque su acto fundacional es la exclusión inclusiva de la nuda vida. La producción del cuerpo dócil es inseparable de la decisión soberana sobre la excepción.

Hannah Arendt: El totalitarismo y los derechos

La influencia de Arendt es palpable en la preocupación de Agamben por los apátridas y los refugiados. En Los orígenes del totalitarismo, Arendt analizó cómo los Derechos del Hombre resultaron inútiles cuando los individuos dejaron de ser ciudadanos de un Estado. Agamben lleva esto más lejos: el refugiado es la figura límite que revela la verdad del ciudadano; cuando se quita la máscara de la ciudadanía, aparece la nuda vida desprotegida que todos compartimos potencialmente bajo el estado de excepción.

Críticas, controversias y límites de la teoría

La radicalidad de las tesis sobre el estado de excepción agamben ha generado un intenso debate académico, suscitando críticas desde diversas disciplinas que cuestionan tanto su rigor histórico como sus implicaciones políticas.

La crítica jurídica e histórica

Historiadores del derecho y juristas han objetado la lectura que Agamben hace de las fuentes romanas. Se argumenta que estira conceptos como el Homo Sacer o el Iustitium más allá de su realidad histórica para encajarlos en su esquema filosófico. Además, desde el constitucionalismo, se critica que su visión es demasiado pesimista y totalizadora. Al afirmar que «el campo es el nomos de la modernidad», parece borrar las diferencias sustanciales entre una democracia liberal (con todas sus fallas) y un régimen totalitario nazi. ¿Es realmente lo mismo Guantánamo que Auschwitz? Agamben diría que estructuralmente (jurídicamente) sí, aunque fácticamente no, una distinción que muchos encuentran éticamente problemática.

El problema de la agencia política

Filósofos como Antonio Negri o Judith Butler han dialogado con Agamben cuestionando la posibilidad de resistencia en su modelo. Si el poder soberano captura la vida de forma tan absoluta, ¿qué margen queda para la emancipación? La propuesta de Agamben de una «inoperatividad» o «profanación» del poder, una retirada mesiánica que desactive la ley, es vista por críticos marxistas y activistas como una forma de fatalismo político o quietismo estético que no ofrece herramientas para la lucha social concreta.

La controversia pandémica

El debate sobre el estado de excepción agamben cobró una virulencia inusitada durante la pandemia de COVID-19. Agamben publicó una serie de intervenciones polémicas criticando los confinamientos y el «pasaporte verde» como la realización suprema del paradigma biopolítico, donde la «nuda vida» (la mera supervivencia biológica) se sacrificaba a costa de la vida política, social y afectiva.

Agamben escribió: «¿Qué es una sociedad que no tiene otro valor que la supervivencia?».

Esta postura le valió el repudio de gran parte de la comunidad intelectual, que lo acusó de negacionismo o de insensibilidad ante la muerte masiva. Sin embargo, sus defensores argumentan que, más allá de los errores factuales sobre el virus, su advertencia sobre la normalización del control digital y la suspensión de libertades bajo pretextos sanitarios sigue siendo una pregunta filosófica válida y necesaria sobre los límites del poder estatal en tiempos de crisis.

El «Todo es Campo»

Una crítica recurrente es la falta de matices sociológicos. Al enfocar todo a través de la lente de la excepción soberana, Agamben tiende a ignorar las dinámicas económicas del capitalismo neoliberal. Autores como Slavoj Žižek han señalado que, si bien el análisis biopolítico es correcto, a menudo deja de lado cómo el mercado global funciona también como un soberano que decide sobre la vida y la muerte a través de mecanismos puramente económicos, no solo jurídico-militares.

El análisis del estado de excepción agamben nos deja ante un espejo incómodo. Lejos de ser una anomalía temporal, Agamben nos muestra que el vacío jurídico es el sistema operativo oculto de la política occidental. Desde los campos de refugiados hasta las legislaciones antiterroristas, pasando por la gestión de crisis sanitarias, la tentación del poder de suspender la ley para «proteger» la vida se ha vuelto irresistible.

La contribución fundamental de Giorgio Agamben no reside en ofrecer soluciones políticas programáticas, sino en desenmascarar la ficción de que el derecho y la vida caminan siempre juntos. Nos advierte que, mientras no seamos capaces de imaginar una política que no se funde en la exclusión de la nuda vida, y mientras no desactivemos la máquina antropológica que necesita de la excepción para funcionar, nuestras democracias seguirán albergando en su seno la posibilidad latente del totalitarismo. En un mundo donde la crisis se ha vuelto perpetua, la pregunta por cómo detener la máquina de la excepción es, quizás, la cuestión política más urgente de nuestro tiempo.

Referencias Bibliográficas

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