Advaita Vedanta: filosofía de la no-dualidad y el Ser absoluto

Advaita Vedata

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¿Es el mundo que percibimos a través de los sentidos la realidad última, o es simplemente una construcción mental superpuesta a una verdad más profunda e inmutable? Esta interrogante, que ha desvelado a filósofos desde Parménides hasta Kant, encuentra su respuesta más radical y sofisticada en la India antigua. En el vasto panorama del pensamiento oriental, pocas escuelas han alcanzado la profundidad metafísica y la influencia cultural del Advaita Vedanta. Lejos de ser una reliquia arqueológica de la espiritualidad, este sistema de pensamiento plantea un desafío cognitivo directo a nuestra percepción ordinaria de la identidad y la separación.

El Advaita Vedanta constituye la escuela más influyente dentro de las seis darshanas (visiones o sistemas filosóficos) ortodoxas del hinduismo. Su premisa central es devastadora para el ego individual: la separación entre el sujeto que observa y el objeto observado es una ilusión. En un mundo contemporáneo fragmentado por crisis de identidad y alienación, el estudio de esta tradición ofrece no solo un análisis ontológico sobre la naturaleza de la existencia, sino una psicología profunda de la liberación. En este artículo, desentrañaremos la arquitectura lógica de la no-dualidad, explorando cómo la aparente multiplicidad del universo se reconcilia con la unidad singular de la conciencia.

Contexto histórico y orígenes: La consolidación de la ortodoxia védica

Para comprender la génesis del Advaita Vedanta, es necesario situarse en el paisaje intelectual de la India entre los siglos VI y VIII d.C. Este periodo estuvo marcado por una intensa efervescencia dialéctica. El budismo, particularmente la escuela Mahayana y la filosofía Madhyamaka de Nagarjuna, había dominado el discurso intelectual durante siglos, desafiando la autoridad de los Vedas y proponiendo la doctrina del Anatta (la no-existencia del alma o yo permanente).

El Vedanta surge como una exégesis de la parte final de los Vedas, conocida como los Upanishads (de ahí el término Vedanta: «el final de los Vedas»). Sin embargo, la sistematización de la no-dualidad (a-dvaita, literalmente «no-dos») fue una respuesta necesaria para restaurar la autoridad de la tradición brahmánica frente a las críticas heterodoxas budistas y jainistas. No se trató de un rechazo total, sino de una asimilación dialéctica. Las condiciones sociales exigían una unificación cultural que pudiera integrar las prácticas devocionales populares con una metafísica rigurosa capaz de competir con la lógica budista.

El texto fundacional que estructura sistemáticamente este pensamiento son los Brahma Sutras de Badarayana (c. 200 a.C. – 200 d.C.), una colección de aforismos crípticos que sintetizan las enseñanzas de los Upanishads. Sin embargo, el verdadero precursor del Advaita Vedanta como sistema filosófico cohesivo fue Gaudapada (c. siglo VI-VII). En su obra Mandukya Karika, Gaudapada utilizó argumentos lógicos que resonaban con el idealismo budista Vijnanavada para establecer que la realidad dual es insostenible.

Gaudapada preparó el escenario para la llegada de Adi Shankara, quien consolidaría la doctrina. Es crucial entender que este movimiento no nació en un vacío místico, sino en un entorno de riguroso debate escolástico donde la victoria no se ganaba por fe, sino por pramana (medios de conocimiento válido). La escuela tuvo que demostrar que la unidad del Ser no era solo una experiencia mística, sino una necesidad lógica derivada de los textos sagrados (Śruti) y la razón (Yukti).

Definición conceptual y marco teórico

El estudio del Advaita Vedanta exige una precisión terminológica rigurosa, pues sus conceptos a menudo se malinterpretan como nihilismo o simple panteísmo. Su ontología es monista, pero de un tipo muy específico: el monismo espiritual absoluto.

El Advaita Vedanta se define como un sistema metafísico y soteriológico no-dualista que sostiene que la única realidad última es Brahman (la Conciencia Absoluta e indiferenciada), y que el mundo fenoménico y la individualidad del alma (Atman) son apariciones ilusorias causadas por la ignorancia y la superposición.

Para navegar este marco teórico, es fundamental distinguir y comprender los siguientes conceptos nucleares:

  1. Brahman: Es la realidad última, sin atributos (Nirguna), infinita, eterna e inmutable. No es un dios personal, sino el sustrato ontológico de todo lo que existe. Se describe a menudo como Sat-Chit-Ananda (Existencia, Conciencia y Bienaventuranza absolutas).
  2. Atman: Es el verdadero Ser del individuo. La tesis revolucionaria del Advaita es la identidad ontológica: Atman es Brahman. No es que el alma sea una «parte» de Dios, sino que el alma, en su esencia más pura, es la totalidad de la realidad.
  3. Maya: A menudo traducido erróneamente como «ilusión» en el sentido de alucinación. En el Advaita, Maya es el poder cósmico que hace que lo Uno parezca múltiple. Tiene un estatus ontológico peculiar: no es real (porque cambia) ni irreal (porque se experimenta). Es «indescriptible» (anirvachaniya).
  4. Avidya: Mientras Maya opera a nivel cósmico, Avidya es la ignorancia a nivel individual. Es el velo que impide al sujeto reconocer su identidad con Brahman.
  5. Moksha: La liberación. No es un lugar al que se va (como el cielo), ni un estado que se adquiere. Es simplemente la eliminación de la ignorancia y el reconocimiento de lo que uno siempre ha sido.

La teoría de los tres niveles de realidad (Satta)

Uno de los aportes más brillantes para resolver la contradicción entre la unidad absoluta y la experiencia cotidiana de diversidad es la estratificación de la realidad:

  • Pratibhasika (Realidad aparente): Experiencias subjetivas y erróneas corregidas por el conocimiento empírico, como los sueños o confundir una cuerda con una serpiente en la oscuridad.
  • Vyavaharika (Realidad empírica): El mundo de la vigilia, la ciencia, la ética y la religión convencional. Aquí la dualidad es funcionalmente real. El Advaita Vedanta no niega que el mundo exista en este nivel; niega que sea la realidad última.
  • Paramarthika (Realidad absoluta): El estado de realización donde solo existe Brahman. Aquí, la dualidad sujeto-objeto desaparece por completo.

Este marco permite al advaitín (seguidor del Advaita) actuar en el mundo respetando las leyes físicas y morales, sabiendo simultáneamente que, desde el punto de vista absoluto, tales distinciones son transitorias.

Desarrollo y evolución: De la escolástica al neovedanta

La trayectoria del Advaita Vedanta no es estática; ha sufrido transformaciones profundas a lo largo de los siglos, adaptándose a nuevos desafíos intelectuales y contextos geográficos. Podemos periodizar su evolución en tres grandes fases: la fase clásica, la fase post-Shankara y la fase moderna o neovedanta.

La escolástica clásica y las subescuelas

Tras la muerte de Adi Shankara (c. 788-820), sus discípulos y comentaristas comenzaron a divergir en la interpretación de detalles técnicos, dando lugar a dos subescuelas principales en la Edad Media india:

  1. Escuela Bhamati: Fundada por Vacaspati Misra. Esta corriente pone énfasis en que la ignorancia (Avidya) reside en el individuo (Jiva). Es una aproximación más epistemológica que busca explicar cómo el individuo proyecta el mundo.
  2. Escuela Vivarana: Fundada por Prakasatman. Sostiene que la ignorancia reside en Brahman mismo (como un poder de ocultación), lo que le da un carácter más cosmológico.

Estas disputas técnicas, que pueden parecer áridas, fueron vitales para refutar a las escuelas rivales del dualismo (Dvaita) y el no-dualismo calificado (Vishishtadvaita), que acusaban al Advaita de incoherencia lógica.

Transformaciones en el tiempo y el encuentro colonial

Durante siglos, el Advaita Vedanta fue una disciplina de élite, reservada a los renunciantes (sannyasins) y eruditos brahmánes en los monasterios (mathas). Sin embargo, el siglo XIX trajo una transformación radical con la llegada del colonialismo británico y la modernidad occidental. Intelectuales indios buscaron en el Advaita una base racional y universalista para reformar el hinduismo y defenderlo ante las críticas de los misioneros cristianos y los utilitaristas británicos.

Aquí surge el Neovedanta, cuyos máximos exponentes fueron Ramakrishna Paramahamsa y, sobre todo, su discípulo Swami Vivekananda. Vivekananda sacó al Advaita de los monasterios y lo presentó como una «religión de la ciencia», compatible con la evolución darwiniana y la democracia. Reinterpretó la ética advaita no como una retirada del mundo, sino como la base para el servicio social: si todos somos Uno, ayudar al prójimo es ayudarse a uno mismo.

Variantes contextuales: El camino directo

En el siglo XX, figuras como Ramana Maharshi y Nisargadatta Maharaj representaron una variante menos escolástica y más experiencial. Ramana Maharshi, por ejemplo, prescindió de la compleja terminología sánscrita para centrarse en la auto-indagación (Atma Vichara) mediante la pregunta «¿Quién soy yo?». Esta aproximación directa democratizó aún más el acceso a la filosofía de la no-dualidad, atrayendo a miles de buscadores occidentales y dando lugar al fenómeno contemporáneo del «Non-duality» o Satsang en Occidente, aunque a veces desprovisto de su rigor ético y tradicional.

Principales exponentes y contribuciones fundamentales

Aunque la tradición es vasta, la comprensión del Advaita Vedanta gravita inevitablemente en torno a la figura titánica de Adi Shankara y sus sucesores.

Adi Shankara: El arquitecto del Absoluto

Nacido en Kaladi (actual Kerala), Shankara vivió apenas 32 años, pero su impacto fue sísmico. Viajó por toda la India debatiendo con budistas, mimamsakas (ritualistas) y otras escuelas, estableciendo cuatro monasterios en los cuatro puntos cardinales de la India para unificar culturalmente el subcontinente. Sus obras fundamentales incluyen los comentarios (Bhasyas) a las tres fuentes de autoridad (Prasthana Trayi): los Upanishads, el Bhagavad Gita y los Brahma Sutras. También escribió tratados introductorios independientes (Prakarana Granthas) como el Vivekachudamani (La joya suprema del discernimiento).

La contribución específica de Shankara fue la aplicación del método de Adhyaropa-Apavada (superposición y negación).

Según S. Radhakrishnan en Indian Philosophy (1923): «El método de Shankara consiste en superponer atributos a Brahman solo para negarlos después, llevando al intelecto al límite del silencio donde la verdad se revela».

Un ejemplo clásico es la analogía de la cuerda y la serpiente. En la penumbra, un hombre ve una serpiente y siente miedo (superposición o Adhyasa). Cuando se trae una luz, se da cuenta de que es solo una cuerda (negación o Apavada). La serpiente nunca existió, pero el miedo fue real. De igual modo, el mundo fenoménico es una superposición sobre Brahman.

Vidyaranya y la síntesis posterior

En el siglo XIV, Vidyaranya escribió el Panchadasi, un manual exhaustivo que sistematizó las enseñanzas post-Shankara. Su contribución fue clarificar los métodos de discernimiento (Viveka) entre lo Real y lo Irreal, haciendo la filosofía más accesible pedagógicamente sin perder profundidad.

Ramana Maharshi (1879-1950)

Aunque no escribió tratados académicos extensos, su vida fue la demostración empírica del Advaita. Su contribución fue el método de la indagación del Ser, desplazando el foco de la teología a la fenomenología de la conciencia. Para Ramana, el Advaita Vedanta no era una teoría para ser aprendida, sino una realidad para ser vivida mediante la disolución del pensamiento «yo» en su fuente.

Críticas, controversias y debates contemporáneos

A pesar de su hegemonía intelectual, el Advaita Vedanta ha sido objeto de feroces críticas a lo largo de la historia, tanto desde dentro del hinduismo como desde perspectivas externas modernas.

La crítica teísta y el problema de la devoción

Las principales objeciones históricas provinieron de las escuelas Bhakti (devocionales). Ramanuja, fundador del Vishishtadvaita (No-dualidad calificada) en el siglo XI, argumentó que un Dios sin atributos (Nirguna Brahman) es una nada metafísica. Según Ramanuja, la identidad entre el alma y Dios es orgánica e inseparable, pero no idéntica. Madhva, fundador del Dvaita (Dualismo) en el siglo XIII, fue aún más lejos, acusando al Advaita de ser un «budismo disfrazado» (Prachanna Bauddha) que lleva al ateísmo al negar la realidad personal de la divinidad y la distinción eterna entre el creador y la criatura. Para estos críticos, el Advaita comete el error de negar la realidad del amor, que requiere una dualidad entre amante y amado.

La crítica ética y social

En la era moderna, sociólogos y pensadores críticos han señalado que la doctrina de Maya (la ilusión del mundo) pudo haber fomentado un quietismo social y una indiferencia ante la injusticia histórica, como el sistema de castas. Si el sufrimiento es ilusorio desde el punto de vista absoluto, ¿cuál es la urgencia de remediarlo?

Como señala el indólogo Wilhelm Halbfass en India and Europe (1988): «La tensión entre la ética del dharma (deber social) y la soteriología de moksha (liberación) es una fractura constitutiva en el pensamiento hindú que el Advaita intenta resolver, no siempre satisfactoriamente para la mente moderna, subordinando la primera a la segunda».

Sin embargo, defensores contemporáneos como Anantanand Rambachan argumentan que el Advaita provee la base ética más sólida posible: la no-violencia (Ahimsa) surge naturalmente al reconocer que el «otro» es, en esencia, uno mismo.

El problema de la conciencia y la neurociencia

Un debate académico fascinante en la actualidad ocurre en la intersección entre el Advaita Vedanta y los estudios de la conciencia. Neurocientíficos y filósofos de la mente como David Chalmers (quien planteó el «problema difícil de la conciencia») han encontrado en el panpsiquismo y en el monismo idealista del Advaita modelos teóricos atractivos. La idea de que la conciencia es fundamental y no un epifenómeno del cerebro resuena con las tesis advaitas. No obstante, existe el riesgo de caer en el «misticismo cuántico», donde se utilizan conceptos científicos mal digeridos para validar dogmas espirituales, una práctica criticada por físicos y filósofos rigurosos.

El Advaita Vedanta representa una de las cumbres más audaces del pensamiento humano. Su propuesta no es consolar al individuo con promesas de un más allá paradisíaco, sino desafiarlo a desmantelar la estructura misma de su percepción para descubrir una libertad incondicionada. Desde los antiguos Rishis de los Upanishads hasta los debates contemporáneos sobre la naturaleza de la mente, esta filosofía ha mantenido una vitalidad asombrosa.

Al postular que la separación es un error cognitivo y que la unidad es la naturaleza fundamental de la realidad, el Advaita ofrece un antídoto potente contra el tribalismo y la alienación existencial. Sin embargo, su exigencia intelectual y su radicalidad ontológica lo mantienen como un camino «tan afilado como el filo de una navaja», según reza el Katha Upanishad. Comprender el Advaita Vedanta es, en última instancia, comprenderse a uno mismo más allá de las máscaras de la personalidad y la historia, abriendo la puerta a una visión donde el observador y lo observado se funden en una sola totalidad consciente.

Referencias Bibliográficas

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